El Valle de Tenza es el paraíso para los amantes de las montañas, de la diversidad, para quienes quieren perderse en uno de sus pequeños pueblos, admirar las aves, los árboles y las flores. 

Es un lugar en el que se respira aire de verdad, pero también tradición, campo y el aroma del agua pura, a tan solo un par de horas de Bogotá. 

Esa es una de sus ventajas, su cercanía con la capital; Al Valle o cualquiera de los municipios que lo conforman, se llega por la vía que comunica a Bogotá con Tunja, tomando la ruta hacia el Embalse Bogotá con Tunja, tomando la ruta hacia el Embalse del Sisga –el primer espectáculo paisajístico con el que puede encontrarse y disfrutar- El Valle de Tenza es un gran territorio que ancestralmente estaba unido por la familia lingüística chibcha en territorios en los que habitaba la tribu muisca; hoy comprende los departamentos de Cundinamarca y Boyacá.  

En pocos kilómetros, fauna, flora y clima pueden ser tan diferentes como hermosos y agradables y puede cruzar municipios y pueblos como Tibirita, Machetá y Manta, en Cundinamarca; al pasar la línea limítrofe a Boyacá, se encuentra con Guateque, Guyatá. Somondoco, Tenza, Chivor, La Capilla, Garagoa, Chinavita, Macanal o Pachavita, por nombrar solo algunos.  

A pesar de ser separados por una línea fronteriza en un mapa, su esencia es la misma. Gente trabajadora, campesina, amable, humilde, sencilla pero grande, porque de sus manos y de su tierra como gran parte del país. Su arquitectura, las capillas de sus poblaciones, por ejemplo, son uno de los grandes legados arquitectónicos de la colonia. Las iglesias acogen a miles de turistas que la visitan en festividades religiosas como Semana Santa, Corpus Christi o Navidad, o como parte de una tradición propia de un país católico que se niega a dejar la fe de lado.  

“Gente trabajadora, campesina, amable, humilde, sencilla pero grande, porque de sus manos y de su tierra come gran parte del país”

“El turismo de la fe”, le llaman algunos, está representado en peregrinaciones constantes a santuarios como el de la Virgen del Amparo en Chinavita; la fiesta de San Isidro en Guateque y Machetá; la Semana Santa en Pachavita, la Virgen de la Cascada y Casita de Nazaret, en Garagoa, o el santuario de la Virgen de la Candelaria en la Capilla, famosa, además, por la fuente que contiene el agua bendita a la cual se le atribuyen milagros.  

Así, entre ríos, cascadas y montañas, en medio de flores y aves, los turistas tienen la posibilidad de conocer paradisíacos entornos con caminatas guiadas. El cuerpo y espíritu experimentan la tranquilidad que solo transmite la naturaleza. El senderismo que abarca desde zonas de páramo hasta el piedemonte llanero, pasando por múltiples caudales y espejos de agua, hacen las delicias de los más extremos.  

 

En esta región podrá conocer el proceso de transformación del café, en Guyatá; explorar senderos reales en Tenza o tomar un baño en la quebrada de la Cristalina, en Santa María, mientras disfruta del avistamiento de aves. O si lo prefiere, incluya el plan “Minero por un día”, en Chivor, algo que seguro en ninguna otra parte va encontrar.  

Y como Colombia es un país fiestero, y no solo en la costa o los llanos se vive con fervor esta parte de nuestra cultura, las bandas institucionales, los grupos de danzas folclóricas, orquestas de música tropical y artistas que le cantan al despecho, hacen de las ferias y fiestas en el Valle de Tenza también un plan para disfrutar.  

Todos los municipios tienen celebraciones en honor a sus santos patronos, su fundación o sus tradicionales fiestas, en las que usualmente se aprovechan para muestras ganaderas, ferias artesanales y gastronómicas, y en mercados campesinos, competencias deportivas o ciclopaseos. La noche valletenzana se colma de brillo y color con destacadas muestras de juegos pirotécnicos, por ejemplo y especialmente en Guateque al finalizar cada enero. La economía de la región se basa en gran parte en estas actividades y su gente está lista, siempre dispuesta, para hacerle vivir momentos que seguro querrá repetir, porque este pedacito de Colombia lo conocerá poco a poco, volviendo y recorriéndolo hasta que pueda decir que algo de su país realmente descubrió.